Pata de Perro Noviembre de 2011
Mi primera vez
Por Alonso Vera Cantú
Uno como viajero está siempre en busca de nuevas experiencias, y aún cuando la Columbia Británica es un destino que muchos creemos conocer, aún sus atractivos más populares son otros cuando somos nosotros al fin quienes les disfrutamos.
El asunto de toda exploración es el encuentro con la novedad, y lo que entonces sucede suele ser formidable. Es la física detrás del viaje, pues al salir del contexto propio nos enfrentarnos a una sucesión de estímulos atípicos que suscitan algo similar a la fisión de los átomos durante una reacción nuclear. En éste caso el átomo no es de uranio, sino de ilusión. Y cuando te das cuenta que todo aquello por lo que trabajaste y anhelaste desde el momento en que miraste la fotografía o escuchaste la anécdota de tu primo se encuentra al fin frente a ti, y viceversa, se detona la masa crítica. Suele manifestarse con risas, canto e incluso suspiros. Salivar y sentir mariposas en el estómago también manifiestan cómo el destino ha generado una reacción sensorial en cadena. Numerosos beneficios para la salud derivados de dicho evento están siendo investigados alrededor del mundo.
Pata de Perro Octubre de 2011
Centenario del azar
Por Alonso Vera Cantú
Hace 100 años un norteamericano experimentó lo que Cristóbal Colón cuando llegó al continente Americano: encontró lo que no buscaba, y nunca supo lo que halló.
Vuelvo al Perú. Mi oficio es viajar, y aún teniendo un sinfín de destinos e historias por conocer, me siento obligado a revistar mis favoritos. Es como ir con la familia o regar un árbol frutal. Será que adoro la cocina criolla, los cebiches y la carne de alpaca montada sobre arroz, con papas fritas y huevo estrellado. De una lado un pisco derecho. Del otro una cerveza cuzqueña. También me sublima la cosmovisión andina, y el orgullo con el que allí viven y resguardan su tradición sempiterna. Y qué decir de aquellos amaneceres en la cima del Wayna Picchu.
La luz del sol busca penetrar un espeso mar de nubes que lame su rostro con enormes lajas de piedra vestidas con musgos. La selva alta es húmeda. Mi razón se confunde en aquellos parajes. El río Urubamba nos rodea, emulando una herradura. Me siento afortunado. No fue sólo sagrado para los Incas, lo sigue siendo para los habitantes de la región. Y cuando pensé que el sol no saldría jamás, te revela al fin la ciudadela con silueta de cóndor, suspendida por tejidos invisibles, en una dimensión entre el cielo y la tierra. Su nombre es Machu Picchu.
Pata de Perro Septiembre de 2011
Jorge “El Solitario”
Por Alonso Vera Cantú
Jorge “El Solitario” es un fósil viviente del tamaño de una lavadora de trastes. Éste gigantesco quelonio habita, como su apodo lo indica, en soledad, dentro de la Estación Científica Charles Darwin de aquellas islas que hoy se reconocen por la especie que le tocó ser: una tortuga Galápago. Se dice el último en su subespecie, y hay una buena recompensa para quien le encuentre pareja. El problema inició desde los primeros piratas que tomaron refugio en el archipiélago, pues cargaban los barcos con sus antepasados por ser comida que sobrevive hasta un año sin agua ni alimento. Y Jorge, aún al día de hoy, como el resto de los seres endémicos a las 125 islas e islotes en donde Darwin concibió su teoría de la evolución de las especies, no ha desarrollado el sensato miedo al hombre.
Jorge come tremendos pastos verdes como los de una película de dinosaurios. Pasa sus días enjaulado, deslumbrado por el flash de las cámaras que le atosigan a diario. Reposa sobre una placa de cemento, con la vista perdida en el horizonte. Cuando Herman Melville lo conoció dijo que “se asemeja a un coliseo romano en grandiosa decadencia”. ¿Qué pasaría si fuéramos a este remoto destino ecuatoriano no sólo para asolearnos en sus playas rojas, bucear cavernas repletas de tiburones o caminar sobre espirales de lava negra entre nidos de albatros, sino a buscarle una fémina con la cual prolongar su estirpe?
Pata de Perro Agosto 2011
Ruta 66
Por Alonso Vera Cantú
La “ruta madre” enlaza las ciudades de Chicago y Los Ángeles desde 1926. Son casi cuatro mil kilómetros de asfalto que dan acceso a dos de mis nuevos destinos favoritos.
No dejo de reprocharme. Sufro el influjo de los estereotipos. Mi equipo es óptimo para la supervivencia del desierto en primavera. Pero, ¿quién dijo que Arizona era todo desértico? Rugen las ráfagas heladas, castigando mis extremidades. La humedad del bosque que me observa se confunde con un viento cargado de estática proveniente del más allá. Uno que ni en sueños hubiera imaginado. En breves instantes lo atestiguaría. Rechinan los troncos. Sus ramas emulan las olas del mar. La luna menguante parece encenderse y apagarse pues las nubes se interponen como sonámbulos acarreados por el influjo de la noche. Tiemblo también de cansancio. Mi espalda sostiene la pesada carga implícita en la independencia. Es más un peso físico que el simbólico de aquel que se ha dejado atrás al emprender una expedición de campismo. Es un peso que me recuerda estar vivo. El otro es un peso muerto.
Esa mañana nadé hasta una isla en el corazón de un lago rodeado por saguaros y arenas rojizas para mirar de frente al amanecer. Añoro la caricia de aquel sol. Ya luego levanté mi campamento tras una larga noche en vela, cortesía de los burros salvajes que habitan en torno al “Lago Placentero”, ubicado 48 kilómetros al norte de Phoenix. Y yo que les supuse menos amenazantes que las víboras de cascabel. Entonces me encontré en la frontera del mundo de los árboles, próximo a revelar las entrañas de la Madre Tierra. Me acerqué al borde. Su presencia se deja sentir en el pecho y en el estómago. Y cuando levanté la mirada el vértigo se acompañó de un escalofrío por la emoción de la primera vez. Tieso, acompañado por la luna, miré la inmensidad de aquella cicatriz del mundo y sus estratos como retratos de otros tiempos. Esa noche dormí titilando como las estrellas.
Pata de Perro Julio de 2011
Dormir donde San Pablo
Por Alonso Vera Cantú
Cuando emprendo una travesía me siento como el animal salvaje que toma conciencia de que había sido extirpado de su hábitat para vivir en un zoológico. La nostalgia inconciente que invadiera mi corazón en la cotidianeidad se transforma en un poderoso deseo de liberarme de mis preconcepciones. Entonces el camino toma el control de aquel que se asume peregrino en busca de sí mismo. Más allá de una piña colada en el bar de la alberca de un todo incluido, el reencuentro se da procurando las experiencias que dicta el destino. El deleite de la recreación es directamente proporcional a la resistencia que pongamos.
Esto acontece, sobre todo, cuando visitamos algún sitio sagrado, ya sea con o sin conciencia de que lo es, pues los sitios no son sagrados tanto por su ubicación geográfica o sus monumentos como por la cantidad de individuos que se han reunido allí por siglos, sino milenios, con un mismo propósito. Esos destinos atraen al peregrino que se halla cerca aún a costa de su propia voluntad. El fenómeno no le es ajeno al microscópico universo que es el archipiélago de Malta, en donde me encontré con una suerte de Meca personal: Rabat.
Pata de Perro Junio 2011
#mundomaya2012
Por Alonso Vera Cantú
“El mundo renacerá el 21 de diciembre de 2012 d.C.”
- Terrence McKenna
Hoy supera ya los 10 años su columna Pata de Perro. Un espacio que brinda un homenaje a la diversidad que resguarda nuestro planeta. Un punto de encuentro para quienes saben que el turismo es el arte de la recreación. Y lo celebro compartiendo la buena nueva que, durante el solsticio de invierno de 2012, el calendario maya de la Cuenta Larga de 13 baktunes volverá a cero. Desde el punto de vista astronómico nuestro Sol se alineará con el ecuador galáctico de la Vía Láctea y su núcleo, que los mayas llaman Hunab Ku, en un acontecimiento que sucede cada 26,000 años.
Éste es un fenómeno anticipado por culturas como la sumeria, la egipcia y la india. Pero fueron los mayas quienes dejaron escrito en piedra la fecha de su verificación. En torno al evento proliferan todo tipo de teorías. México y los mayas son un creciente tema de conversación. Desde el punto de vista turístico tal expectativa es oro que debe aprovecharse para presentar un destino unido y renovado por el patrimonio ligado a la auténtica cultura maya. Es motivo de una fiesta universal.
Pata de Perro Mayo de 2011
La noche del adiós
Por Alonso Vera Cantú (@alonsovera)
Las más de siete mil islas que conforman el archipiélago filipino son, además de un sorpresivo destino, las puntas de una cordillera que se arrastra bajo el mar desde Japón hasta Indonesia. Fue allí en donde murió uno de mis mentores.
Él fue de un tiempo en el que se hacían las cosas, una a la vez. Gozó la compañía de la naturaleza, las causas perdidas y las historias de los abuelos. Aquella cálida noche en la que murió la brisa refrescaba su mesa iluminada por siete veladoras. La vida en el puerto de Mactán se va despacio. Es uno de los destinos más inexplorados del planeta. El sonido de los tambores y flautas de la tribu cebuana se mezcla con el murmullo de las olas y el canto de los insectos tropicales que allí viven y reinan, componiendo una hipnótica melodía. La arena se entremete en todas partes. Fernando, tan hastiado del mar como alguien pudiera llegar a estarlo, busca el amor en brazos de alguna local. “Soy de Sabrosa”, les dijo, como insinuante. Ambas le miraron con ojos que delatan su ascendencia malaya y polinesia. A él no le importaba si su léxico era tan corto como sus faldas.
Buscaba entender la suerte de Fernando. Hacía tiempo ya de aquella noche. Sería difícil encontrar más que el recuerdo. Llegué primero a la ciudad de Manila, de camino a las islas Bisayas. Mi primera parada fue el barrio de Intramuros, o la “ciudad de las paredes”. Su muralla de cinco kilómetros aún resguarda de piratas e invasores el bello Fuerte de Santiago, así como la sexta encarnación de la Catedral de Manila. Pero allí no encontré nada, así que comencé a divagar al atardecer. Volcanes sumergidos en el horizonte. Colores, olores y un cúmulo de postales tropicales. Ya de noche llegué al exótico barrio de Malate.
Pata de Perro Abril 2011
La Vía Dolorosa
Por Alonso Vera Cantú
Jerusalén es un sitio sagrado para las tres grandes religiones de occidente en donde se experimentan más de 5,000 años de historia ininterrumpida.
Al volver a la tierra natal la vida en la ciudad se muestra tan violenta e incierta como aquella que se sobrevive en el campo. Sin embargo, uno como viajero sabe que el hastío es un estado de ánimo propicio para la renovación. Esto reflexiono al escuchar la ópera Nabucco que compusiera Giuseppe Verdi sobre el libreto de Solera, y al recordar el día en que anduve por las colinas de Galilea con rumbo a Jerusalén. Esa misma noche comenzaría la festividad que conmemora la salida del pueblo hebreo de Egipto – pésaj- y yo vivía mi éxodo surcando caminos vacías tras cruzar la frontera del vecino reino de Jordania. Por suerte, o designio, había conseguido un aventón en estas fechas en las que no suele haber servicios públicos allá. Nada que una sonrisa sincera no pueda lograr. Y es que casi siempre hay más de una vía para hacer las cosas: la fácil, la difícil y la dolorosa.
Pata de Perro Marzo de 2011
Primavera en Las Pozas
Por Alonso Vera Cantú
El viaje es un parásito que se hospeda dentro de uno y, conforme pasa el tiempo, su efecto se torna evidente. Interna sus largas extremidades por tu nariz, tal vez mientras dormitas. Y cuando vuelves a lo que alguna vez llamaste “hogar”, en realidad no vuelves nunca más. Tras exponerse a los estímulos del camino, el viajero es ahora anfitrión de un conjuro que reemplazará sus prejuicios. Y el tiempo de incubación depende de la sensibilidad, la duración y la recurrencia ante tales exposiciones. Al final del proceso, como una crisálida que se reconstituye dentro del capullo, el viajero podrá ver su mundo con ojos nuevos.
Dentro de la esencia onírica del arte de viajar el contexto y la compañía son fundamentales para lograr el renacimiento implícito, por lo que una invitación para dilucidar sobre metáforas en Xilitla, S.L.P., fue la excusa perfecta para abordar el camión de la noche. Allí me encontraría con el Profesor Didier Girard, experto en la poesía de Edward James, quien compartiría detalles de la vida y obra de éste británico que decidiera entablar un diálogo con la naturaleza, y ejecutarlo con los potosinos como cómplices. También con el profesor Camille Dumoulié, el poeta irlandés Jonathan Pollock, el académico indio Saugata Bhaduri y el lingüista polaco Michal Markowski. Esto, y más, en “la catedral estética de la imaginación”, en voz del neurohumanista Francisco Gómez Mont.




















