Pata de Perro Diciembre de 2005

By alonsovera

 

Creta

Un viaje es mitológico

Por Alonso Vera Cantú

 

Uno como viajero sabe que el destino preserva un regalo especial para cada visitante. Intentar compartirlo es antiestético, ya que la experiencia se seca ante los prejuicios. Y es que las emociones suscitadas por un lugar no son susceptibles a la designación precisa, y nos vemos obligados a crear dicciones buscando expresar, algo fantasiosamente, aquello que sentimos al ver cómo es que se desvanece la luz cierta tarde de otoño que pasamos, por ejemplo, bebiendo un raki acompañados por las tonadas del rebétiko y el mar. Pero aún así debemos de hacerlo. Es del cuestionamiento que nacen las reflexiones y de la remembranza que surge la magia, como descubrí en la cuna de la cultura Minoica, la primera civilización avanzada de Europa, cuyo palacio es motivo de leyendas tan fascinantes como sus paisajes y habitantes.

 

Desembarco del alba

Poseidón, dios del mar, regaló un toro blanco al rey Minos de Creta para que éste lo sacrificase en su honor. Una pelícano caga a mi lado. Pero por una razón descrita en un viejo y bello poema que se perdió al naufragar un barco sin mote, el monarca se negó. Algunos delfines juegan en las olas de este mar que redefine mi idea de azul marino. Así que Afrodita, diosa del amor, castigó al rey fundando en su reina Pasiphaë un incontrolable deseo por el rumiante. Se me duerme la nalga derecha, y cambio de postura. La reina llamó al ingeniero Daedalo y le solicitó confeccionar un disfraz de vaca para seducirlo. Me auto receto un suspiro salobre. Y así fue como tiempo después parió una criatura con cabeza de toro, cuerpo de hombre y gusto por la carne humana. Cierro mi libro, postergando la conclusión de aquel evento acontecido, o no, hace miles de años.

 

El barco, de gran envergadura, leía con rojo sanguino en cada flanco: “Minotauro”. Su interior, como de shopping mall, y el cielo como rompecabezas de 1000 piezas que a cualquiera le daría flojera completar de no ser por la magnífica isla que se ciñe al fondo, con sus plantíos de olivo, caletas y ruinas. Camino a babor luego del alba. “Permiso para descender”, le digo a Creta.

 

Viven la vida loca

Tan ataviada de historias homéricas y cultura vetusta, como aromatizada por albaca y romero salvaje, la isla me recibe en su puerto de Iraklion. Por ser la capital, y la quinta ciudad más grande del país, se jacta de tener una vida ajetreada. Ja. Sólo digamos que los de allí tienen el promedio de vida más alto del mundo -87 años-. No hay como sentarse a observar las barcas danzar en el muelle frente a su fuerte de origen veneciano para darse cuenta de su “vida loca”, o caminar por sus calles de piedra añeja decoradas con buganvillas y mezquitas, mercados al aire libre e iglesias ortodoxas a la sombra de sus laureles, para entender que los cinco fundamentos de la fe cretense son: la comida, la bebida, el café, la iglesia y los juegos de mesa, por lo que ostentarse como citadinos en dicho paraíso es como pretender ser campirano en una ciudad recubierta por el característico manto decembrino tipo atole de nuez con pasas.

 

Pasé al Museo Arqueológico, que ilustra con su insigne colección la vida de la isla desde el neolítico hasta los romanos, para mamar historia. Y luego de un raki, el destilado de uva que dicen sirve también para desengrasar maquinaria, tomé un autobús a Knossos, el sitio arqueológico capital de la cultura Minoica.

 

Reinterpretación

El rey Minos, aterrado por el nacimiento del que llamaron Minotauro, mandó encerrarlo en un laberinto diseñado también por Daedalo. El sol en pleno, los turistas refugiados en la cafetería del sitio. Para satisfacer su apetito el rey ordenó que Egeo, su súbdito rey de Atenas, le enviase 14 jóvenes cada año como sacrificio. Algunos grillos reverberan a escondidas. Hastiado de ello, el príncipe ateniense Teseo se ofreció, pero con la intención de matar a la bestia. Necesito un sorbo de agua, y lo encuentro en la llave del baño. Cuando Teseo llegó a Creta conoció a Ariadna, hija de Minos, y la sedujo para conseguir su ayuda. Muerdo una galleta de amaranto. Ariadna obtuvo los planos del laberinto de Daedalo, y luego le dio una bola de estambre al valiente príncipe para que entrara, matara al monstruo, retrazara sus pasos y escapara con ella. Al fin decido entrar al sitio.

 

Fue hasta 1900 cuando un grupo de arqueólogos británicos, comandados por Sir Arthur Evans, desentrañaron los restos de una ciudad que resultó ser, por las vasijas, frescos y ubicación, la capital de la primera gran civilización de Europa. Una que, desde el 3,500 a.C., desarrolló su propio idioma, escritura y arquitectura, y que influenció al resto de las culturas que florecieron en el Mediterráneo.

 

El palacio reconstruido me brindó un vistazo a la magnificencia de sus creadores, y los diversos salones, templos y patios con bellas vasijas, columnas y frescos brillan, si los acompañamos de los mitos que dieron a luz. Así que culminé el capítulo. Minos enfurecido aprisionó a Daedalo y su hijo Ícaro, pero el inventor creó unas alas de cera con las cuales se escaparon. La tragedia, perenne gusto heleno, termina cuando Ícaro contradice las indicaciones de su padre de no volar cerca del sol. Sus alas se derritieron, se desplomó y murió. Muchas han sido las experiencias en Grecia y el mundo, ya serán suyas. Gracias, y hasta la próxima.

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Una respuesta para “Pata de Perro Diciembre de 2005”

  1. eliphas levi Dice:

    Gracias por compartir la data viajera, all is one…

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