Pata de Perro Enero de 2006

By alonsovera

Angkor

La ciudad de los dioses reyes

 

Texto y Fotos Alonso Vera Cantú

 

El viajero es alguien que ha estado allá, en el dominio del otro. Es alguien que sabe cómo es que el mundo funciona, y saber eso le significa una perspectiva fuera de los confines de su cultura. Por ello, el conocimiento que pueda obtener debe regresarlo para el beneficio de su comunidad, ya que es él quien promueve la evolución aprendiendo a oscilar entre la realidad ordinaria y el dominio de las ideas. En pocas palabras se aleja de la desconfianza instintiva moderna, en una postura que disuelve fronteras y devela las consecuencias de 2 mil años de supresión y abuso. Y, como no puede ser ajeno ante el sufrimiento, los viajeros unidos podemos cambiar el mundo para bien. Esto lo aprendí en Angkor, uno de mis destinos predilectos.

 

Khmer Dudes

Para muchos Camboya es tan sólo pobreza, guerra y el genocidio del brutal Khmer Rouge, cuando mucho. Estereotipos que desmeritan la belleza de su gente, que renace de las cenizas con esperanza y un rico legado cultural, y ahora económico también, denotado en la ciudad de los dioses-reyes.

 

Los monjes vestidos con hábitos color azafrán fuman y platican alrededor de una pagoda, entre cocoteros, elefantes y turistas que se debaten la sombra. Nadie parece tener prisa, ni más de 20 años. Y es que las guerras civiles y ajenas han causado tanto allí. Muchos se arrastran mutilados por las calles y mercados gracias a las millones de minas sembradas por los norteamericanos durante su capricho de la segunda guerra de Indochina. Aún hay al menos una por habitante, aunque no parece importarle al responsable.

 

Desde la primera vez que estuve allá, hace seis años, hasta la última, mucho ha cambiado. Los pescadores echan sus redes durante la noche para presentar su producto en la madrugada. Visitantes japoneses matan vacas con granadas y lanzacohetes a las afueras de las ciudades donde los muros aún muestran orificios de odio. Las mujeres cuidan a los hijos, aran los campos de arroz con enormes búfalos de agua y venden alimentos en las calles, desde cocos y plátanos fritos hasta pájaros y tarántulas asadas. Pero ahora hay más turistas, y su gente lleva algo extraño en la cara. Una sonrisa al fin, me parece.

 

Ciudad de los dioses-reyes

Llegar a la que fuese capital del imperio Khmer entre los siglos IX y XIII es fácil. Uno aborda un avión en Bangkok y aterriza en Siam Reap, visita la ciudad y se vuelve a casa. Pero eso no basta. Hay que llegarle por tierra y darse tiempo para admirar su contexto antes de babear la camisa admirando sus templos. Lo otro es una falta de respeto. 

 

El imperio Khmer floreció influenciado por los Hindúes en el siglo VI, y la construcción de la ciudad en cuestión inició en el Siglo IX bajo el mandato del primer devaraja, o rey dios, Jayavarman II. Algunos de los templos fueron dedicados al hinduismo y otros al budismo de acuerdo a la religión impuesta a conveniencia por el rey en turno. En tiempos de paz budismo, y en tiempos de guerra hinduismo.

 

Pero luego de que el reino de Siam la conquistara en 1431, Angkor fue abandonada y olvidada a los caprichos de la selva. No se supo más de ella hasta el siglo XIX. Y el redescubrirla en 1864, como lo describen los diarios del naturalista francés Henri Mouhot, ha de haber sido una experiencia tal que daría lo que fuese por haber estado allí con él.

 

Y es que Angkor está compuesta por cientos de templos monumentales esparcidos en 230 km2. Están decorados con paneles de piedra labrada narrando historias, algunas de la vida cotidiana como los de Bayon, donde se observan partidas de juegos y cenas de pescadores, y otros con historias épicas como los de Angkor Wat, donde el general mono Hanuman comanda sus tropas en contra de los demonios con un realismo fenomenal. Cuidado con los salpicones de sangre. 

 

Algunas otras figuras, estatuas y relieves que protagonizan su estética son las nagas o serpientes míticas, los dioses Brahma, Shiva y Vishnu y las bailarinas celestiales conocidas como apsaras. También hay un sin número de estatuas de Buda, muchas de ellas sin cabeza por los ladrones y traficantes, que ahora adornan penthouses neoyorquinos y londinenses. Muy chic. Pero las que le restan encuentran el respeto de monjes que las ofrendan y limpian a diario.

 

Los templos icono son Bayon, con sus cientos de rostros colosales y relieves, Ta Prohm, envuelto por raíces y musgo, y Angkor Wat, construido por Suryavarman II en el Siglo XII. Representa al universo en miniatura y está orientado hacia el oeste, símbolo funerario hinduista. Sus cinco torres se levantan más de 200 metros y la del centro representa el monte Meru, el centro del universo hinduista. Tiene también una galería con más de mil Budas en ruina, entre columnas y albercas de aguas que aún son sagradas, como este sitio, que no es sólo arqueológico sino divino. Muchas fueron las experiencias en Camboya, ya serán suyas. Mientras tanto gracias y hasta la próxima.

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