Pata de Perro Noviembre de 2008

By alonsovera

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Tzfat

Cuna de la Kabbalah

Texto y Fotos Alonso Vera Cantú

¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Qué hago aquí? No hay descanso para éstas preguntas sino hasta que la mente reposa en la plenitud de la naturaleza, hasta que los viajes se vuelven tan profundos que uno los considera su religión. Del por qué un querido amigo se encontraba en un tiempo y lugar específicos, no puedo entenderlo. Sólo puedo pensar en su pronta recuperación y descansar con la imagen de tiempos pasados, inmerso en el sentimiento que le tengo y mi deseo de paz para los suyos.

Y aunque toda cultura con la que he tenido a bien disfrutar un encuentro ha intentado darle sentido a la existencia y a la causalidad, o al destino, en Israel recibí una sorpresa, en el místico monte Kenaan, el tercero más alto del país, en donde descansa la ciudad de Tzfat: la cuna de la Kabbalah.

 

La mística judía

La kabbalah, o cábala, se revela como tal a finales del siglo XII en las comunidades judías españolas – o Sefarad- de Provenza y Cataluña. Se considera como tal la madre de todas las tradiciones místicas judías que se fueron acumulando desde antes de Cristo. Sin embargo, en esencia, la kabbalah –recibir- es una antigua ciencia que busca en la Torá o el Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia, el significado del mundo y la revelación para conocer la verdadera realidad.

 

Y fue por ello que emprendí mi camino a la antigua ciudad de Tzfat, o Safed, en las montañas de la Alta Galilea. Magníficas vistas de Hermon en Líbano, del Monte Moren y del Valle de Amud me acompañaron durante el trayecto desde Tiberias, en el Mar de Galilea. Y cuando al fin arribé al sitio que durante siglos fue celosamente resguardada, incluso para una gran parte de los habitantes de Israel, me sentí honrado.

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Los grandes

Caminando por callejones empedrados repletos de galerías y sinagogas medievales, casas con puertas de madera color esmeralda con su respectivo ojo protector, niñas y niños corriendo alegremente ante la mirada severa de los estudioso y una gran cantidad de recovecos con vistas a las verdes colinas circundantes entendí que la mejor forma de descubrir el lugar era simplemente perderse, y dejarse llevar. Y es que de acuerdo con los grandes místicos del pasado, Tzfat juega una papel primordial en la redención final, ya que Meam Loez, en nombre de Rabbi Simón bar Yochai, menciona que el Mesías vendrá de allí de camino a Jerusalén, mientras que Ari HaKodesh dijo que hasta que el Tercer Templo sea construido, la presencia manifiesta de Dios descansará sobre de ella. Sea la que sea la creencia de uno, la mística del sitio es innegable.

 

Tzfat tiene una larga historia, ya que según cuenta la leyenda fue fundada por los hijos de Noé Shem y Ever sobre el sitio en donde Jacobo estudió por muchos años. Según otras fuentes el poblado fue fundado en el año 70, floreciendo en el siglo XVI por la inmigración de famosos académicos y místicos judíos que escapaban de la inquisición. Fue así como se convirtió en el centro espiritual del mundo Judío, y en donde la Kabbalah encontró el clímax de su influencia.

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La exploración

Como una de las cuatro ciudades sagradas en Israel, junto con Jerusalén, Hebrón y Tiberias, la ciudad de sólo 20 mil habitantes ha encontrado un gran auge con la llegada de turistas espirituales. Es aquí en donde se dice ofrecen las mejores clases de Torá, sobre todo para aquellos novatos en el camino del yiddishkeit; el aire fresco de las montañas, la atmósfera reflexiva, los extraordinarios bosques donde apreciar la naturaleza y observar en reclusión y serenidad, en comunión.

 

Descansando en “La Plaza de los Defensores” aprendí que tan sólo detrás de mí se encontraba uno de los sitios más sagrados del lugar, la Sinagoga Ashkenazi Ha-Ari, construida en 1580, tres años después de la muerte de éste famoso rabino que desarrolló una muy especial celebración: el Kabbalah Sabbath. Un magnífico altar labrado es la pieza central del sitio, aunque dos curiosidades atrajeron mi atención. La primera es la silla de la fertilidad, utilizada para la circuncisión ceremonial, la cual se rumora bendice a las mujeres que se sientan en ella con el embarazo. La otra, es un pequeño agujero en el púlpito, en donde propios y ajenos depositamos una nota o petición para la intercesión del maestro.

 

Sentado con cara de ajeno el amable cuidador se acercó a mí, y sin siquiera tener que preguntarle me dijo: “la kabbalah da las herramientas que se necesitan para obtener felicidad, plenitud y para llevar la Luz del Creador a la vida propia. Es la manera de alcanzar la paz y la alegría que todo ser humano desea y merece, en la más profunda esencia de su ser.” Se levantó, y prosiguió barriendo el piso.

 

Además de magníficos museos, mercados de artesanías con pinturas, grabados y tallas, una gran cantidad de Tzaddikim (santos) han sido enterrados en sus alrededores, y por lo general se encuentran en algunos de los parajes más hermosos, por lo que bien ameritan una expedición. Y es que algunos han sido convertidos en casas de oración cerca de cascadas, de estanques con aguas prístinas y de árboles frutales donde pasar el día resulta simplemente genial. Muchas fueron las experiencias en Israel y el mundo en general, ya serán suyas. Mientras tanto gracias, y hasta la próxima.

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