Pata de Perro Abril 2011
La Vía Dolorosa
Por Alonso Vera Cantú
Jerusalén es un sitio sagrado para las tres grandes religiones de occidente en donde se experimentan más de 5,000 años de historia ininterrumpida.
Al volver a la tierra natal la vida en la ciudad se muestra tan violenta e incierta como aquella que se sobrevive en el campo. Sin embargo, uno como viajero sabe que el hastío es un estado de ánimo propicio para la renovación. Esto reflexiono al escuchar la ópera Nabucco que compusiera Giuseppe Verdi sobre el libreto de Solera, y al recordar el día en que anduve por las colinas de Galilea con rumbo a Jerusalén. Esa misma noche comenzaría la festividad que conmemora la salida del pueblo hebreo de Egipto – pésaj- y yo vivía mi éxodo surcando caminos vacías tras cruzar la frontera del vecino reino de Jordania. Por suerte, o designio, había conseguido un aventón en estas fechas en las que no suele haber servicios públicos allá. Nada que una sonrisa sincera no pueda lograr. Y es que casi siempre hay más de una vía para hacer las cosas: la fácil, la difícil y la dolorosa.
Nabucco
Hacemos una breve parada para comer y refrescarnos en territorio palestino. Las miradas curiosas, el té de menta suculento y su infraestructura me recuerda el contraste que se observa entre Tijuana y la vecina California. Está también la pregunta que me hacen cuando saludo, ya sea con el Shalom o con el Salaam, sobre mi postura. Y es que aún con el evidente despliegue de ignorancia recién desempacada la neutralidad no es allí una opción, como en la vida. “Tomar partido significa decidirse, y para decidirse hay que madurar”, me dijo el tendero dejando sobre la mesa mi cuenta y un durazno.
“Vuela pensamiento, con alas doradas… Saludo a las orillas del Jordán y a las destruidas torres de Sión… ¡Mi patria, tan bella y abandonada!” vuelve a cantar la bocina el Nabucco que compuso Verdi tras perder a su esposa y a sus dos hijos. Decidido casi a no componer jamás, fue lo extremo de su situación lo que le exigió redefinirse y lograr lo sublime: componer ésta y 17 óperas en 12 años.
Nabucco también me recuerda una historia poco evocada en la que el rey Nabucodonosor sitió Jerusalén en el 596 a.C, exiliando a los judíos a Babilonia. Y es que historias de Jerusalén hay miles, como las del paso de Alejandro Magno y el helenismo, las de los seis siglos de régimen romano iniciados por Herodes el Grande, las de las dinastías musulmanas a partir del Califa Omar en el año 638 y las de los cruzados tras conquistarla en 1099. De todas hay vestigios, incluso de la más reciente cuando el 29 de Junio de 1967 el estado de Israel la declaró su “Capital Eterna”. Pero yo llego pensando que ésta podría ser capital del mundo.
Síndrome de Jerusalén
Pocos saben que existe un tipo de psicosis que afecta a muchos visitantes de la ciudadela que se yergue al fin ante mis ojos. Miles de peregrinos han sido hospitalizados por los ataques de ansiedad y las “alucinaciones” que tiene como efecto éste síndrome que los psiquiatras llaman de Jerusalén. Lo determinan análogo al “Síndrome de Florencia”, o de Stendhal, el cual ataca a los turistas impactados por las obras de arte en la capital renacentista. Y al caer el sol sobre de sus murallas color miel con cicatrices que aún recuerdan las 18 civilizaciones que le conquistaron derramando su sangre. En el momento en que resuenan los campanarios y minaretes de los santuarios que allí coexisten. Es entonces cuando me arrebata la emoción, y me siento presa del síndrome aquel.
Tras digerir esa primera impresión descendí del Monte de los Olivos por el Valle de Kidron y las tumbas de Profetas y Patriarcas que allí esperan la llegada del Mesías, hasta penetrarle por la Puerta de los Leones: el acceso más directo a la Vía Dolorosa. El mismo trayecto que siguió Jesús cargando su cruz luego de ser condenado en el Praetorium de la explanada en el Monte Templo.
Me uní a la procesión de peregrinos por las estaciones de la cruz hasta la entrada del Santo Sepulcro sin saber el impacto que tendría en mí ésta estructura, erigida por los cruzados en 1149, en donde se encuentran las últimas cinco. Es el sitio del Gólgota o Calvario: el escenario de la crucifixión, el sepulcro y la resurrección de Jesús. Un lugar que incita a reflexionar y purifica el bagazo del alma. Su locación fue determinada por Elena, la primera arqueóloga de Jerusalén y madre de Constantino, quien levantó la primer capilla tras declarar al cristianismo como la religión oficial del imperio bizantino.
El Santo Sepulcro es pues un micro cosmos, como lo son nuestros barrios o ciudades. Un caótico conglomerado de iglesias – franciscanas, griegas ortodoxas, coptas, armenias, sirias y etíopes- en donde se dice hallaron los restos de la cruz original. Un sitio impregnado de incienso y devoción que me regaló una pregunta al concluir mi vía crucis: ¿Qué voy a hacer yo hoy que haga la diferencia? Hay tres formas: la fácil, la difícil y la dolorosa. Muchas han sido las experiencias en Israel y el mundo en general. Ya serán suyas. Mientras tanto gracias y hasta la próxima.
Contacto con el autor: Twitter @alonsovera y ponchosansosa@yahoo.com
Tips
- La ciudadela está dividida en barrios con murallas invisibles, pero evidentes, en donde habitan los devotos que resguardan sus sitios sagrados: el Armenio, el Cristiano, el Musulmán y el Judío.
- Fuera de las murallas hay también grandes atractivos como el Jardín de Gethsemane donde Jesús fue aprendido (Marcos 14:32-43), los bares y clubes del Complejo Ruso y los parques y museos de la moderna Plaza Zion.
- Jerusalén se disfruta mejor durante Abril y Septiembre, y se puede llegar manejando, en taxi o en tren desde el aeropuerto Ben-Gurion en 90 minutos.
- El American Colony Hotel (americancolonyhotel.com) es una joya de la hotelería internacional, punto de encuentro de periodistas e intelectuales, e incluso espías.
















